Cambio Climático Global y Espiritualidad

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El cambio climático está alterando cada dimensión del medio ambiente de la Tierra. Además de elevar el nivel del mar y aumentar la probabilidad de sequía y desastres naturales relacionados con el clima, el cambio climático está reduciendo la biodiversidad, acelerando el uso de energía, disminuyendo el volumen de agua dulce del planeta, reduciendo la cantidad de alimentos disponibles para el consumo y afectando los recursos naturales que necesitamos para la vida, desde medicamentos hasta materiales de construcción.

Como analizamos en la sección de Ciencia, estas alteraciones en el ambiente de la Tierra están ocurriendo a un ritmo sin precedentes. Para algunas comunidades, los cambios en la disponibilidad de agua y alimentos, los patrones climáticos y los niveles del mar ya han alcanzado niveles catastróficos, anulando los esquemas de vida que las personas han seguido durante siglos. A menos que se aborde el problema del cambio climático global, todos en la Tierra enfrentaremos estas transformaciones radicales en nuestras formas de vida.

Un reportaje de 2018 del Banco Mundial estima que con el ritmo actual, 140 millones de personas van a ser desplazadas por los impactos del cambio climático global en tres regiones del mundo: África subsaharian, Latinoamérica, y el sur de Asia. Mira este video del reportaje Groundswell – Preparing for Internal Climate Migration.

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La película documental de 2010 El Sol Sale observa los desafíos que enfrentan los isleños Carteret, los primeros refugiados del cambio climático del mundo. Mira una introducción a la película. Mira también la increíble historia de Úrsula Rakova, quien fue líder ayudando a los isleños de Carteret a sobrevivir a su crisis climática.

La manera como vivimos comunica quiénes somos, qué valoramos, cómo nos relacionamos con los demás, cómo celebramos y lloramos, y qué esperamos. Como aprendimos en la sección de Ética, el cambio climático global presenta una “tormenta moral perfecta”. También podemos decir que el cambio climático está creando una tormenta espiritual perfecta.

Al romper las rutinas de vida de las personas, sus medios de subsistencia, afectar su confianza y su sentido de seguridad, el cambio climático global enfrenta a los seres humanos con preguntas muy serias sobre la vida. ¿A dónde iría si el cambio climático hiciera mi hogar inhabitable? ¿Cómo me protegería y a mi familia si el cambio climático me obligara a mudarme? ¿Cómo puedo asegurar la comida y el agua cuando todos a mi alrededor buscan lo mismo? ¿Qué puedo planear para el futuro? ¿Quiero traer niños a este mundo?

Descubrimos en el estudio de caso, al principio de este capítulo, que el cambio climático está causando que los pastores de Mongolia se hagan estas mismas preguntas. Aunque algunos de nosotros vivamos lejos de Mongolia, todos habitamos el mismo planeta. Por tanto, estas son las preguntas que todos nos debemos hacer. ¿Cómo las responderías?

Cuando realmente consideramos las preguntas que el cambio climático global nos plantea y comenzamos a pensar nuestras respuestas personales, nos basamos en nuestras creencias más profundas acerca de la vida. En otras palabras, llegamos a nuestro espíritu interior o espiritualidad. En esta sección del capítulo, exploramos la relación entre la espiritualidad y el cambio climático global, retomando una pregunta planteada al final del estudio de caso inicial:

  • ¿Cómo podría la espiritualidad ser un recurso para abordar el cambio climático global?

Clima, cultura y espiritualidad

El clima configura la cultura , y la cultura da forma a la espiritualidad. Los patrones meteorológicos regionales e históricos de largo plazo y las condiciones atmosféricas a las que las comunidades humanas se han adaptado durante miles de años, contribuyen integralmente a todas las dimensiones de la vida, desde las dietas distintivas de las personas, las actividades recreativas y las maneras de vestir, hasta nuestros diversos idiomas, formas de arte, expresiones musicales y tradiciones espirituales.

Una niña quechua y su llama.1

La espiritualidad del pueblo quechua en el clima subtropical de las tierras altas peruanas, por ejemplo, es distinta a la espiritualidad del pueblo Inuit en el clima ártico del Alto Canadá y Groenlandia. Sus espiritualidades se han configurado en contextos culturales muy diferentes y estas diferencias han sido formadas, a su vez, por climas muy diferentes.

La mayoría de los quechuas son católicos que han mantenido su respeto ancestral por los apu espíritus de la montaña. Con su frecuente cielo azul claro y sol brillante, el clima de las tierras altas de los Andes ha permitido al pueblo quechua contemplar durante siglos sus imponentes montañas y mantener su vínculo espiritual con el apu.

Una familia inuit y su trineo tirado por perros.1

La mayoría de los inuit creen que todas las cosas vivas y las inanimadas tienen un espíritu. Las condiciones atmosféricas en el Ártico les permiten disfrutar de la impresionante exhibición nocturna de la aurora boreal o luces del norte. Los inuit miran atentamente las luces. En ellas ven a los espíritus de sus familias y amigos difuntos bailando en la próxima vida. Si las condiciones cambiaran para que los inuit ya no pudieran ver a sus seres queridos, la espiritualidad y la cultura del pueblo se verían drásticamente alteradas.

La aurora boreal sobre Lago Bear, Alaska.1

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    This image or file is a work of a U.S. Air Force Airman or employee, taken or made as part of that person's official duties. As a work of the U.S. federal government, the image or file is in the public domain.

Muchas culturas obtienen fuerza espiritual y conocimiento no sólo de las características constantes e inalterables de la atmósfera en la que viven, sino también del drama ocasional y temible de las poderosas tormentas. Los pueblos indígenas de Estados Unidos, por ejemplo, han vivido con tornados y severas tormentas en las Grandes Llanuras durante cientos de años.

Un auténtico escudo de cráneo de búfalo Sioux que representa las cuatro direcciones.1

Cuando los sioux representan las “Cuatro Direcciones” sagradas del mundo, el occidente siempre está pintado de color negro, representando tanto la Tierra como a las poderosas tormentas negras que vienen de esa dirección. Estas tormentas traen vientos destructivos y granizo, pero también traen semillas y lluvia rejuvenecedoras. Estos fenómenos meteorológicos refuerzan la creencia sioux de que la muerte viene de la vida.

No se sabe con exactitud cuántas culturas humanas distintas existen en el mundo. Un buen indicador es el uso de idiomas y lenguas tradicionales. Los lingüistas estiman que hay entre 5.000 y 6.000 idiomas que aún se hablan en todo el mundo, lo que sugiere un número igual de culturas vivas. Cualquiera que sea el número exacto de idiomas hablados, podemos estar seguros de que los territorios y los climas de la Tierra han dado forma a estos idiomas, así como a las costumbres y las creencias espirituales de todas estas comunidades humanas, incluida la tuya.

Preguntas para considerar

¿Cuáles son los patrones semanales y estacionales de sol, las nubes, el viento, la humedad y la sequía, el calor y el frío, de lluvia y tormentas que caracterizan a tu región?

¿Cómo influye este clima en tu forma de vida?

¿Cómo crees que estos patrones influyen en la cultura de tu comunidad?

¿Te imaginas un cambio de este clima que alteraría seriamente tu forma de vida y la cultura de tu comunidad?

Espiritualidad y equilibrio del clima

En la antigua Grecia, la atmósfera de la Tierra, entendida como el aire que se encuentra entre la tierra y los cielos, fue vista como uno de los cuatro poderes esenciales de la naturaleza, junto con la tierra, el fuego y el agua. El filósofo griego Platón (427-347 a.C.) consideró estos cuatro elementos las herramientas divinas utilizadas por el Demiurgo (o artesano divino) para crear el mundo. El filósofo Aristóteles (384-322 a.C.) pensó que estos cuatro elementos debían estar en equilibrio, porque cada uno tiene una cualidad que es necesaria para la vida: el calor (fuego), humedad (aire), frío (agua) y la sequía (tierra). Aristóteles creía que un exceso de cualquiera de estos elementos causaba desequilibrios perjudiciales para el medio ambiente y el cuerpo humano.

Miles de años antes de Platón y Aristóteles, tradiciones religiosas en el subcontinente indio, que ahora agrupamos como hinduismo, enfatizaron la interconexión del aire, la tierra, el fuego y el agua. El equilibrio de estos elementos naturales fue visto como una manifestación de Līlā, el juego creativo de los dioses. En esta acción creativa, el aire y el viento tenían una importancia especial, porque Prāṇa (la respiración) era considerada la fuente de la vida misma.

RassLeela por Krishna en Prem Mandir Vrindavan, que representa una danza tradicional hindú Rasa Lila que celebra la creación y el equilibrio de la naturaleza. 1

Actualmente, la espiritualidad hindú aún promueve la creencia de que el espíritu humano anhela el equilibrio, un equilibrio que sólo puede lograrse cuando el espíritu de cada persona está alineado con la simetría del aire, la tierra, el fuego y el agua. Desafortunadamente, los humanos a menudo despreciamos esta simetría, por tanto, nos hacemos daño nosotros mismos y a la naturaleza. Acciones como éstas demuestran un fracaso espiritual. El único remedio perdurable es recuperar la conexión espiritual con la naturaleza. Como dice la Declaración Hindú sobre el Cambio Climático de 2009,

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Lee el texto completo de la Declaración Hindú sobre el cambio climático.

La supervivencia de la humanidad depende de nuestra capacidad para realizar una importante transición de la conciencia, igual en importancia a las anteriores transiciones de nómadas a agricultores, de agricultores a industriales y de industriales a tecnológicos. Debemos transitar hacia la complementariedad en lugar de la competencia, la convergencia en lugar del conflicto, el holismo en lugar del hedonismo, la optimización en lugar de la maximización.1

Emergiendo varios siglos después del hinduismo, la religión del Islam también enfatiza la necesidad espiritual de los seres humanos de reparar los desequilibrios que han infligido a la naturaleza. Aplicada al cambio climático, la tradición espiritual islámica recuerda a la humanidad que la atmósfera es un fruto de la omnipotencia y la gracia de Dios. En el libro sagrado del Corán, Dios provee “los vientos fertilizantes” (Corán 15:22) y “... envía los vientos como noticias, anunciando su gracia: cuando hayan levantado una nube bien cargada, la conducimos a una tierra muerta y causamos que la lluvia descienda sobre ella, y así traemos frutos de todo tipo" (Corán 7:57).

Pintura del artista Odilon Redon, Spirit-Waters, que representa el Génesis.1

Al satisfacer estas necesidades vitales, la atmósfera hace posible el mīzān, el equilibrio de la naturaleza. Cuando está en equilibrio, la naturaleza misma es musulmana, sumisa a la voluntad de Dios. El papel del ser humano musulmán es ser un khalīfa – un virrey de Dios que vela por el bien de una tierra equilibrada.

Antecediendo al islam se encuentra es la historia de la creación, del Génesis, compartida por el judaísmo y el cristianismo. En él, “la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:1). La palabra hebrea para espíritu es ruach, que significa “aire en movimiento”. En las tradiciones espirituales judías y cristianas posteriores, la atmósfera participó en el soplo de Dios que da vida.

Este soplo de aire divino también está conectado a la paz terrenal. En la tradición cristiana, cuando Jesús resucitado entró en la habitación para encontrarse con sus discípulos asustados, les dijo: “La paz sea con ustedes...” Y cuando dijo esto, sopló sobre ellos y les dijo “reciban el Espíritu Santo” (Juan 20:19, 22).

Representación artística de Jesús exhalando paz a la Tierra, rompiendo las nubes oscuras del miedo. La paloma de la paz o el Espíritu Santo, procede del aliento de Jesús, que recuerda a la paloma de la paz enviada a Noé después del gran diluvio.1

En su declaración de 2001 sobre el cambio climático global, los obispos católicos romanos de Estados Unidos continuaron esta tradición espiritual de conectar el equilibrio climático, el aire y la paz espiritual. Ellos escriben, “Nuestro manto de aire envolvente, nuestra atmósfera, es tanto la condición física para la comunidad humana como su símbolo más convincente. Todos respiramos el mismo aire”.2

Vemos como desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han tomado los patrones familiares del clima y tiempo en su entorno como un recurso para el equilibrio interior, espiritual. Por el contrario, podemos entender cómo un cambio permanente en el clima puede destruir, no sólo las vidas cotidianas “externas” de los seres humanos, sino también sus vidas espirituales internas.

Preguntas para considerar

Describe las principales características de la atmósfera, la hidrósfera, la litósfera y la biósfera del lugar donde vives.

En tu opinión, ¿están en equilibrio estas facciones naturales del medio ambiente? Explica por qué o por qué no.

Imagina que eres un khalīfa musulmán. ¿Podrías recomendar alguna acción para equilibrar tu entorno?

¿Qué tienen que ver estas espiritualidades de las religiones del mundo contigo? Quizá eres miembro de una de las religiones mencionadas anteriormente y esta es una oportunidad para aprender más acerca de la relación de tu religión con el medio ambiente.

Tal vez no eres miembro de en una religión. ¿Por qué puede ser importante conocer las tradiciones espirituales de personas que no tienen nada que ver contigo, especialmente en un libro de texto de ciencias ambientales? Los autores de Sanando la Tierra creen que cada ser humano tiene una espiritualidad. Tu tienes espiritualidad. Es la expresión de tus creencias y convicciones más profundas sobre nuestro planeta y tu lugar en éste.

Pensar en estas preguntas no es fácil. No son el tipo de preguntas que nos hacemos todos los días. Sin embargo, son preguntas importantes. Y crecen en importancia cada día cuando el cambio climático global se acelera. También es importante conocer cómo otros se han planteado sobre estas preguntas y han tratado de responder ofreciendo ideas que tú puedes comparar y contrastar con las tuyas. Esto puede ayudarte a tener un sentido más claro de tus propias creencias fundamentales. Los desafíos ambientales actuales son extremadamente serios. Necesitamos considerar la sabiduría espiritual de todas las personas para enfrentar estos desafíos, incluida la tuya.